28 agosto 2006

DIABESIDAD, LA EPIDEMIA DE LOS PAÍSES RICOS

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La instabilidad en el azúcar sanguíneo y el exceso de peso (grasa) pueden aparecer conjuntamente, o uno a consecuencia del otro, sobre todo a partir de edades avanzadas. Cuando esto ocurre no sólo se produce una combinación de significado de los nombres de estos dos trastornos, sino que se desencadena una mezcla de sus efectos que resulta desfavorable para la salud.
La generalidad del sobrepeso, la obesidad y la diabetes entre la población ya alcanza en muchos países desarrollados las dimensiones de una auténtica epidemia, que en el año 2025 puede afectar en todo el mundo a 300 millones de personas, con un riesgo muy elevado de sufrir trastornos vasculares severos.
El problema es mucho mayor en países como Estados Unidos, donde además el tabaquismo amenaza con colapsar los sistemas sanitarios si no se toman medidas drásticas para acotarlo, pero la denominada “diabesidad”' -ingeniosa contracción de los vocablos diabetes y obesidad- está alcanzado proporciones preocupantes en otros países desarrollados, como España.
La relación entre el exceso de peso y la diabetes fue uno de los temas centrales abordados durante el último congreso de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD), celebrado hace pocos meses en la ciudad de Jerusalén.
Los partícipes coincidieron en relacionar la diabetes con el sedentario estilo de vida actual y con una dieta inadecuada que favorece el exceso de peso, y han advertido que habrá un ascenso en la incidencia de ambas enfermedades si no se toman medidas urgentes para que la sociedad modifique sus hábitos.
El exceso de grasa se comporta como si fuera una verdadera glándula agregada al cuerpo y peligrosa para su salud. Ello se debe a que las células adiposas segregan moléculas que favorecen la resistencia a la insulina, un proceso que hace que el azúcar en la sangre se eleve, además de propiciar la inflamación, alterar la respuesta inmunitaria y dañar la capa interna o endotelio de los vasos sanguíneos.
Quienes sufren diabesidad han nacido con un páncreas que produce insulina en la cantidad adecuada y funciona bien. Pero debido a la obesidad esa insulina que antes cumplía bien su papel en el organismo ahora se produce en cantidades desorbitada, los músculos a los que tiene que llevar la glucosa se vuelen resistentes a esta hormona y se produce un aumento del nivel de glucosa en la sangre, en lo que se denomina diabetes II.
La acción continua de este explosivo cóctel supone serias consecuencias para la salud a mediano plazo, ya que afecta negativamente el funcionamiento cardiovascular, renal y ocular.
Enfermedad de los países ricos
El número creciente de personas que tienen este doble trastorno preocupa a los endocrinólogos, porque la diabetes tipo II sólo se aparecía entre personas de mediana edad o mayores, pero ahora ha aumentado el número de casos en todas las edades y cada vez se diagnostica en enfermos más jóvenes, sobre todo en los niños y adolescentes gordos.
Toda persona con un peso excesivo puede terminar desarrollando diabetes, aunque existe un tipo de gordura que se inclina más a padecer la diabetes tipo II: la "obesidad central”, donde la grasa se acumula con mayor facilidad alrededor del abdomen y la cintura y se concentra alrededor de los órganos internos.
Para muchos expertos la solución de este problema, que puede significar para el mundo desarrollado una amenaza similar a que la que supone los males infecciosos para las naciones más desfavorecidas, no depende de los fármacos sino de evitar las dietas cargadas de grasas y azúcares poco saludables, y de hacer del ejercicio físico una obligación casi cotidiana.
La dieta mediterránea, con aceite de oliva o frutos secos, la cual reduce el colesterol LDL o “nocivo” y eleva el colesterol HDL o “beneficioso”, sigue siendo, a juicio de los expertos, la mejor medicina para prevenir el binomio obesidad-diabetes.
Por el contrario, el exceso de comida rápida o “basura”,y el menor consumo de las frutas y verduras, favorecen este desorden.

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